¿Sabías que la mayoría de padres reflejan sus miedos en sus hijos?

Cuando mi hijo mayor conoció el fuego, estaba empeñado en jugar con él. Esa situación me mantenía muy alerta de sus movimientos. También de dónde ponía los cerrillos o el encendedor. Sin importar cuanto tratara de cuidarlo, él encontraba el modo de escabullirse. Sentía miedo de que pudiera hacerse daño.

Una idea surgió en mi mente. Enseñarle para qué sirve el fuego, cuáles son los riesgos y en qué momento podría usarlo. Le mostré que el único momento en que debía tener acceso al fuego, era estando conmigo. Funcionó. La razón principal fue porque di suficiente tiempo para ello. Deje que su curiosidad creciera hasta llegar al momento en que le perdió interés.

Tengo dos hijos adolescentes y un pequeño de dos años. Sé que no puedo evitar que vivan su vida. En ella, habrá momentos de dolor. ¿Es mi miedo razón suficiente para privarlos de sus experiencias? ¿Qué pasará con ellos si no pasan por momentos complicados? Te lo juro, me gustaría que nunca sufrieran. No es sano para ellos. Tampoco para mí. Si los protejo mucho, tendré hijos temerosos de la vida. Luego ambos sufriremos porque no hacen nada.

No los dejo hacer lo que quieran. Sin embargo, los acompaño a hacer las cosas que considero de más riesgo. Mi interés se centra en que comprendan que hay actividades peligrosas. Cuando las quieran realizar, tendrán que tener todos los cuidados necesarios. La gente hace lo que quiere hacer. No importa cuántas advertencias le des. El dicho cita: Nadie experimenta en cabeza ajena.

Hay dos formas en las que considero que podemos ayudar a nuestros hijos. Una es con el ejemplo. Es más importante lo que hago que lo que digo. Si le digo a mi hijo que es importante estudiar, pero yo no lo hago, pierdo credibilidad. Estudiar modo constante, si presunción, es la mejor manera de mostrar a mis hijos que estudiar es importante. No hay más. Debes hacer todo lo que dices es bueno para tus hijos. No debes hacer, todo lo que dices es malo para tus hijos. ¡Congruencia!

La segunda manera de ayudar a tus hijos es con el entorno. Imagina un cubo de hielo. Lo pones sobre un recipiente. No importa que forma tenga el recipiente, el agua del cubo tomará su forma. La mente de tu hijo es el cubo y el recipiente es ambiente donde vive. Va desde las situaciones que vive dentro de su casa, hasta el tipo de personas con las que convive, el lugar donde vive, la escuela a la que asiste. Si vives en una zona donde abunda la pobreza, va a crecer con creencias de pobreza. Si las amistades que te frecuentan son tóxicas, va a crecer con creencias de gente tóxica. La gente tóxica no frecuenta a las personas que no son tóxicas. ¡Cuida el ambiente en que viven tus hijos!

Publicado en Inteligencia Emocional.

2 Comentarios

  1. Gusto de haberte conocido anoche 5 de septiembre de 2020 en tu presentación de los 4 hacks …

    Por suerte he crecido como padre junto a mi único hijo de la manera que comentáis es mejor hacerlo. Y lo he hecho con muchos miedos, entonces para mitigar eso estuve a su lado cada bendito día.

    Ahora, con sus 19 años, descanso poco a poco al verlo como se desenvuelve por si solo. No faltará mucho para que comience a volar por su cuenta.

    Estudia música y me vuelvo loco de alegría y orgullo cuando lo escucho ensayar, estudiar y enseñar.

    En fin, con este comentario pretendí aportar tu post y así agradecer la información que nos diste ayer en la presentación.

    Gran abrazo desde Buenos Aires.

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