Podcast 06 | Cómo estrechar las relaciones a través de la aceptación

¡Hola! ¿Qué tal, Amantes de la Persuasión? Te habla Ariel Ortuño, autor, consultor y conferencista. Me da mucho gusto saber que me estás escuchando y te invito a que te pongas en contacto conmigo a través de mi Instagram, donde me encuentras como Ariel Ortuño. También me puedes enviar un mensaje a ariel.ortuno@arielortuno.com.

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En el episodio pasado, te hablé sobre los 5 principios de la persuasión; los cuales son: Principio de Imaginación, Principio de Empatía, Principio de Jerarquía, Principio de Aceptación y Principio de Estilo. En el episodio 3, te hablé sobre el Principio de Empatía y en el episodio 5 te hable sobre el Principio de Imaginación. El tema es muy amplio como para abordarlo en unos minutos, pero quiero que tengas una idea más clara sobre cómo funciona la metodología del Liderazgo Persuasivo.

El día de hoy voy a hablarte sobre el Principio de Aceptación, que dice así: Cuando el oyente se siente aceptado y entendido por ti, se incrementan las posibilidades de que haga lo que quieres. Cuando el oyente se siente aceptado y entendido por ti, se incrementan las posibilidades de que haga lo que quieres.

La diferencia entre el Principio de Empatía y el Principio de Aceptación, es que en el primero te pongo en tus zapatos del oyente y en el segundo aceptas al oyente a pesar de las circunstancias que haya. Por ejemplo, puedes decirle a un niño que entiendes su frustración por no entender matemáticas, pero presionarlo para que obtenga la mejor calificación. Quizá, de manera genuina, sientes lo que el niño siente, sólo que no puedes aceptar que quizá sus habilidades están enfocadas en otra materia o área del conocimiento.

Desde el momento mismo de tu concepción, necesitaste de la aceptación de tus padres para lograr nacer. Si ellos, no hubieran querido lidiar con la responsabilidad de criarte, jamás hubieras visto el mundo.

 

Para tu cerebro primitivo, la aceptación de la tribu, significa la sobrevivencia. Durante los primeros años de tu vida, fue obligatorio: sentir el abrazo de papá, de mamá, sentir que existe un hogar con amor para tu existencia. Son necesidades importantes para un bebe; saber que por el simple hecho de haber nacido, mereces la vida.

 

Con el tiempo, sin importar qué tan grandiosos hayan sido tus padres, te enfrentaste al rechazo de otras personas. Esos rechazos fueron grabando en tu mente, la idea de que requieres comportarte de determinada manera para que la gente te admiré o quiera estar contigo. Podría ser que un día, viste una película donde para ser “cool”, debes salir de fiesta, beber cerveza, fumar, andar en noche por la calle, tener padres millonarios, viajar al extranjero, etc., etc., etc.

 

Y tal vez la vida te bendijo con muchas de esas cosas, pero llegaste a una etapa llamada adolescencia, donde todo parecía ser muy diferente. De manera consiente, concebías la situación de tus padres y la situación económica; lo que no entendías, era por qué había momentos en los que sentías que nadie te comprendía. Momentos en los que necesitabas una persona que te diera la certeza, de que te aceptaba sin importar qué pasara. Una persona, a quién pudieras decirle hasta tu más oscuro pensamiento, sabiendo que no huiría de ti.

 

Todos esos sentimientos, se fueron grabando en tu mente y en tu corazón, en mayor o menor medida. Algunos aprendimos a ocultarlos, ya que el lugar donde crecimos era hostil y nos convirtió en un “duro acantilado” escondiendo nuestras emociones. Otros, descubrimos que exagerando nuestro dolor, conseguíamos atención y nos convertimos en “una sensible magdalena” que por todo llora. En última instancia, de una u otra forma, a la mayoría, nos agrada sentir que somos aceptados.

 

Napoleón Hill, dice que hay seis temores básicos, que en alguna medida, todos llegamos a experimentar. El temor a la crítica, forma parte de ellos y es el que más nos concierne para este Principio. Hill, describe así, los principales síntomas de este temor:

 

Timidez. Suele ser expresada por medio del nerviosismo, la timidez en la conversación o el encuentro con personas extrañas, el movimiento extraño de las manos y de los pies, el desplazamiento de la mirada.

 

Falta de serenidad. Ausencia de control en la voz, nerviosismo en presencia de otros, postura deficiente del cuerpo, memoria pobre.

 

Personalidad. Escasa firmeza en las decisiones, falta  de  encanto  personal,   y   de  habilidad  para  expresar  opiniones  definidas.  Costumbre  de  soslayar  los temas en lugar de afrontarlos de manera directa. Estar de acuerdo con otros sin haber examinado sus opiniones con cuidado.

 

Complejo de inferioridad. Costumbre de expresar auto aprobación por medio de la palabra y las acciones, como un medio de ocultar una sensación de inferioridad. Utilizar palabras grandilocuentes para impresionar a los demás (a menudo sin conocer siquiera el significado de lo que dicen). Imitar a otros en la ropa, el discurso y las actitudes. Fanfarronear de logros imaginarios. Esto produce a veces una imagen superficial de sentimiento de superioridad.

 

Extravagancia. Costumbre de intentar mantenerse a la altura de los demás gastando mucho más de lo que ingresa.

 

Falta de iniciativa. Fracaso para aprovechar las oportunidades para el progreso propio, temor a expresar opiniones, falta de confianza en las propias ideas, responder de forma evasiva a los superiores, vacilar en la actitud y en el discurso, engañar en las palabras y en los hechos.

 

Falta de ambición. Pereza mental y física, falta de autoafirmación, lentitud para tomar decisiones, dejarse influir con excesiva facilidad; criticar a los demás a sus espaldas y halagarlos cuando están delante; aceptar la derrota sin protesta, o abandonar una empresa cuando se encuentra con la oposición de otros; sospechar de otras personas sin causa alguna, falta de tacto en la actitud y el discurso, no estar dispuesto a aceptar la responsabilidad de los propios errores.”

 

Cuando muestras aceptación a una persona, de manera innegable, ésta sentirá una atracción especial hacia ti y estará dispuesta a seguirte.

 

Otra de las razones por las que el Principio de Aceptación tiene tanto poder, es porque cubre tres de las seis necesidades básicas que tiene cada persona de acuerdo con Tony Robbins.

 

Tony dividió las necesidades en dos grupos; fundamentales y superiores:

 

Necesidades fundamentales

 

  1. Seguridad: Se refiere a sentir que estás en tu zona cómoda, que puedes evitar el dolor, que puedes ser feliz, que tienes el control de la situación, que puedes evitar el estrés.
  2. Variedad: Se refiere a aquello que te sorprende, lo que te excita, el reto, la novedad. Cuando algo es constantemente previsible, te deja de resultar atractivo.
  3. Importancia: Se refiere a sentirte afamado, que tu vida tenga sentido, que seas único y especial en algo o para alguien.
  4. Unión/Conexión. Se refiere al sentido de pertenencia, al amor, compartir afinidades, intimidad, sentirse parte de algo.

 

Necesidades superiores o espirituales

 

  1. Crecimiento: Se refiere a tener siempre un poco más y mejor de todo, a no estar estancados en lo mismo todo el tiempo.
  2. Contribución. Se refiere a servir, ayudar a otros, sentir que tu existencia apoya a mejorar la vida de una o varias personas.

 

Hacer sentir aceptadas a las personas, cubre su necesidad de Seguridad, Importancia y Unión. De manera colateral, podría cubrir también la necesidad de Variedad en algunos casos porque le das algo, que por lo regular no recibe: aceptación.  En otros casos, también podría entrar la necesidad de Crecimiento; si la persona ha logrado que alguien la acepte (o sea, tú), puede sentir que es debido a que ha tenido cierto crecimiento personal.

 

Es importante que comprendas que para que logres hacer que una persona se sienta aceptada por ti y ese sentimiento sea genuino de parte tuya, debes aprender a aceptarte a ti mismo. Lo que no puedes crear en ti, no lo puedes crear de manera constante en los demás. Cuando no aceptas a alguien, es porque estás poniendo etiquetas en la persona sobre lo que debería hacer y lo que no debería hacer. Por supuesto, todo es basado en tu razonamiento y no en lo que sea mejor para la otra persona.

 

Se dice que lo que no te gusta en los demás es porque lo tienes en ti. La cuestión es que va un poco más profundo que sólo eso. Hace algunos años, a mí me molestaba que las personas no se desarrollaran de manera personal. El asunto es que yo, todo el tiempo lo hago; entonces no es algo que estuviera en mí. Por otro lado, a mi hermano le molestaba la gente alcohólica, pero él ni siquiera tomaba. ¿Eso quiere decir que no siempre lo que me desagrada en otras personas, es porque lo tengo en mí? No necesariamente, ya que no se trata de la acción como tal, sino de tu aceptación sobre la acción. Te explico.

 

En un entrenamiento con Mateusz Grzesiak, famoso psicólogo de Polonia y autor de 16 libros, me enseño que aquello que me molestaba de las personas era lo que yo, no aceptaba en mí. Así, cuando me molestaba porque las personas no se desarrollaban de manera personal, era porque yo, no aceptaba en mí ese comportamiento. Es decir, jamás me permitiría no hacer algo para obtener mayor crecimiento personal. De modo superficial parece una buena idea, pero no lo es.  Estaba dejando de disfrutar la vida tratando de encontrar crecimiento personal en todo. Si quería ir al cine, necesitaba saber qué de bueno me podría dejar la película o cuál sería el mensaje que me ayudaría a crecer. Al estarla viendo, me la pasaba analizando la trama, los diálogos y todo lo que ni te imaginas. No disfrutaba la película. Era un desarrolladicto.

 

En el momento en que comprendí que el problema no era la gente que no se desarrollaba, sino una parte dentro de mí que no lo aceptaba en mí, puede reducir gradualmente mi emoción. De tal suerte que ahora no me molesta cuando me encuentro con una persona con baja inteligencia emocional que no hace nada para cambiar su condición. Acepto que está viviendo lo que cree que tiene que vivir y siento compasión por ella. No lastima, compasión. Y siento compasión por estas personas porque yo, puede ver algo que ellas no pueden ver. Yo, veo y sé, que si tomaran muchos entrenamientos para conocerse mejor y para aprender a manejar sus emociones, vivirían una vida con mayor plenitud, pero ellas no lo pueden ver. Aunque se los expliques, no lo pueden ver. Justo como yo, que hay muchas cosas que no puedo ver y seguramente podrían estar entorpeciendo mi vida.

 

Entonces, todo lo que estás juzgando en otras personas, es porque no lo aceptas en ti. ¿Te molesta la gente que se queja? Es porque no aceptas ese comportamiento en ti. ¿Te molesta que tu pareja piense que le vas a engañar? Es porque no aceptas ese tipo de pensamientos en ti. ¿Te molesta que tus empleados no se comprometan? Es porque no aceptas ese comportamiento en ti.

 

Ahora un punto importante, el hecho de que no lo aceptes en ti, no quiere decir que no lo hagas. Yo, podría decir que me molesta que los conductores se pasen la luz roja del semáforo, pero hacerlo de vez en cuando y justificarlo, diciendo que siempre respeto la luz roja, sólo está vez no porque tengo un poco de prisa, además, me fije bien y no venían autos. También podría ser que me moleste la gente presumida y yo ser presumido sin darme cuenta o justificándolo también.

 

Para aceptarte a ti mismo, lo primero que requieres es ir a terapia y a cursos de desarrollo personal. Ahí encontrarás estrategias para comprender cómo eres, por qué eres así y conocerás que a muchas personas que al igual que tú, tiene problemas y preocupaciones similares. Y también, que como tú, trabajan cada día para mejorar sus vidas.

 

Una vez que comienzas a trabajar con tu aceptación personal, puedes valerte de las siguientes estrategias para hacer sentir a las personas aceptadas por ti.

 

  1. Corrige errores en privado y reconoce de manera pública. No conozco a nadie que no se incomode al recibir retroalimentación sobre las cosas que hizo mal, delante de la gente. Mayor será la emoción desagradable si, la llamada de atención se convierte en una zurra delante de todos. Por otro lado, ser reconocido, genera conexión con el grupo y motiva a otros miembros a tener logros.
  2. No discutas. Una discusión se da porque hay dos o más personas que se aferran a su punto de vista. Por lo general, se complementa con una capacidad reducida para expresar sus argumentos, si acaso los hay. Cuando me encuentro ante una persona fanática de su punto de vista, decido darle la razón. Mi ego, quisiera argumentar para demostrar que tengo la razón, justo como el ego de la otra persona quiere hacerlo. Así que le doy al ego ajeno lo que quiere.

Podrías pensar que no quieres darle la razón a la otra persona porque estarías perdiendo tu convicción. Para ello, hay un modo de hacerlo es muy sencillo. Podrías decir algo así:

“Viéndolo desde ese punto de vista, podría ser correcto” o “Desde tu punto de vista es correcto” o “tendría que profundizar en algunos argumentos y quizá esté de acuerdo contigo”. Nota que no digo que pienso como la otra persona, sólo le doy un paliativo emocional para que su ego se sienta bien. Luego me disculpo y voy al baño.

Quiero aclarar, que no te estoy recomendando jamás hablar con personas que piensan diferente a ti. Lo único que deseo, es que, cuando lo hagas, tengas precaución de identificar en que momento es mejor retirarte. En próximos episodios, te voy a hablar sobre cómo puedes ganar una discusión cuando no tienes más remedio que entrar en esta.

  1. Hablar por su nombre a las personas. He escuchado a algunas personas decir que es porque tu nombre es la palabra que más te gusta, pero cuando estás enamorado, la palabra que más disfrutas es el nombre de tu amor. Adicional, he notado que cuando dices el nombre de la persona que escucha, esta se hace más presente y se asocia a la conversación con mayor intensidad. Es como si invocaras la esencia de la persona.

De acuerdo al diccionario de la real academia española, “invocar” significa: “Llamar en solicitud de ayuda de manera formal o ritual”. Los componentes etimológicos de invocar son: el prefijo in- (en, hacia) y vocare que significa llamar o dar un nombre.

  1. Apreciar la labor de los demás. La mayoría de personas fuimos educados bajo las acciones de lo que no deberíamos hacer. No, brinque en la cama, no juzgues en la mesa, no grites, no corras, no salgas a la calle, no vayas a reprobar el examen, etc., etc., etc. Esto conlleva que sean señalados más errores que aciertos. Con el tiempo, hay personas que tienen miedo o incluso pavor de hacer algo porque sienten que serán censurados o regañados. Cuando tú, manifiestas tu aprecio sobre las acciones de las personas, la mayoría sentirá que valoras sus acciones. Ocurre porque no es una acción que reciben con frecuencia.

 

Ya para terminar, es importante recordarte que para que estos 4 puntos den el resultado que deseas, tus acciones requieren ser genuinas, honestas y estar respaldadas con tu trabajo personal para aceptarte a ti mismo o a ti misma.

 

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Nos vemos pronto y recuerda… estás a una frase de inspirar al mundo...

Publicado en Liderazgo y Persuasión.

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